And sung me moon-struck, kissed me quite insane ☆ Audra D. Law

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And sung me moon-struck, kissed me quite insane ☆ Audra D. Law

Mensaje por Invitado el Lun Mar 17, 2014 7:34 pm

Al principio pensó: podría besar a Sophie, pero esa idea se evaporó tan rápido que lo dejó con la cabeza ligera.

Lucian no había sido el que había tocado a Dinah y, de todas maneras, era diferente. Sophie estaba con ellos para quedarse porque nada la arrancaría de Lucian: le fascinaba Dinah porque no parpadeaba dos veces cuando encontraba cadáveres y porque tenía la terrible sospecha que debajo de esa encantadora fachada de heredera aburrida se escondía una verdad tan interesante y tan peligrosa que Lucian le dispararía en la frente sin dudarlo, justo antes de que le diera un coscorrón en la nuca y su mirada patentada número dos de ¿qué coño se te pasa por la cabeza? Chicas, pensó. Chicas es lo que se me pasa por la cabeza, ¿qué más? Chicas de lenguas como navajas y ojos del color del hielo cuando el sol todavía no aparece y el cielo se torna el gris suave del pecho de un cisne, que llevan vestidos imposibles y siempre lucen como que acaban de armarse para ir a la guerra y Lucian oh dios Lucian si tocaba a Sophie lo mataría pero quizás, quizás entendería cómo se había sentido al verlos separarse, al notar que Lucian tenía la boca manchada de carmín. Excepto que probablemente peor, porque Lucian había querido a Sophie de toda la vida y—Klaus no. Klaus podría, podría haber querido a alguien por tanto tiempo si hubiera querido, Geneviéve en Luxemburgo casada con su marido salido directamente de uno de esos comerciales maricones para cereales y unos cuantos hijos. Podría haber cambiado las cosas.

Pero incluso a los quince, loco de amor y dispuesto a hacer cualquier cosa que ella quisiera —y no era tan imbécil como sonaba porque estaba seguro de que Geneviéve no sabía; después de todo le había invitado a su boda—, había tenido suficiente inteligencia y un resquicio de razón para protegerse de la herida más profunda que alguien podría darte jamás: abandono, rechazo. Indiferencia. Todas esas cosas - Lucian era vulnerable frente a ellas, con Sophie. Probablemente con Klaus, un poco, en el sentido de las amistades que era totalmente diferente —es decir si Klaus traicionaba a Lucian podía acabar en prisión y quedaría en deshonra Lucian, y su familia y probablemente su vaca pero si Sophie lo traicionaba sería una persona tan radicalmente diferente que... no podía imaginarlo.

Okay. Suficiente alcohol por hoy. Ver a Lorraine con sus delicados hombros tensos y boca fruncida lo había descolocado más de lo que suponía en un principio, incluso con sus besos y los pases libres a tocar su cintura y sus caderas. Cuando las chicas son heridas se abren como si acabaras de destriparlas, pensó, pero los chicos se cierran y pretenden que no pasa nada y no acababa de decidir cuál era menos saludable. Mordiéndose la cara interna de la mejilla, decidió salir afuera a tomar un poco de aire, quizá encontrar a Lucian y mencionarle sutilmente que Lorraine de las curvas no aptas para cardíacos estaba sufriendo otra vez por algo que Kenneth, su hermano mayor, había hecho. Su resolución duró exactamente los dos minutos que le costó encontrar a Audra, precisamente en el momento en que se escabullía en una de las habitaciones. Nadie la siguió inmediatamente — ¿quería un minuto a solas?

Oh Dios. De verdad iba a hacer esto.

Lo iba a hacer, lo iba a hacer... lo había hecho. Cerró la puerta detrás de él con un golpe de su talón y le sonrió ampliamente, invadiendo su espacio personal para tirar del tirabuzón que colgaba sobre sus ojos. No había estado así al principio de la noche, recordó. Después de que el silencio inundara la habitación (¿cuántas veces hacían ya, que se quedaba sin palabras frente a ella?) abrió la boca y dijo:

Me gustaría usar una carta, si te parece bien —con las pupilas del tamaño de peniques—. Somos, somos conocidos, ya sabes, y es lo menos que puedes hacer. ¿No es así?

Era tan guapa. Añadió, inclinándose para besar la curva de su mejilla y bajar hasta el punto detrás de su oreja:

Y beso mucho mejor que Lucian.

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Re: And sung me moon-struck, kissed me quite insane ☆ Audra D. Law

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 22, 2014 10:06 pm

Había cosas que Audra se había prohibido hacer hace mucho tiempo. Aquellas eran básicamente cualquier cosa que involucrase que el daño le reventase en la cara, y le explotase las entrañas. Pero hay daños colaterales propios, le dijo Dinah. Se sentía débil e inútil, su cuerpo temblaba ligeramente y la necesidad de encontrarse sola era imperiosa. Su vestido rojo resaltaba la palidez de su piel y su estado febril. Jugarle esa a Mason le costaría caro. Porque sus neuronas coreaban el nombre de Ian y ella, ella sabía que Ian no estaba allí y que no podría besarle ni usar tarjetas en él. Porque los fantasmas tienen un efecto directamente proporcional al tiempo que los mantienes cerca de ti. Mientras más tiempo los cuidas y los mismas, mayor es la intensidad con la que te persiguen y te penan. Con la que te drenan toda tu energía.

Dinah temblaba, su corazón un trémulo barullo, el ritmo cardíaco de un conejo silvestre frente al zorro. Sus ojos vislumbraron una habitación abierta y desocupada y se acercó a ella con paso apresurado, intentando asegurarse de tenerla toda para sí. Miró la última tarjeta que le quedaba en la mano y sonrió, aunque su corazón se sentía frío y sus venas espesas y taponeadas.

Esta es para ti, Ian. Mi última tarjeta es para ti.

La muerte sólo significa sufrimiento para los vivos, y Audra sabía eso desde temprana edad. Pero su papel merecedor del Óscar, su niñita rica superficial y descuidada no lo sabía e Ian la había marcado de por vida. Las heridas en el corazón sanan, pero las cicatrices quedan. Kelly era una cicatriz en el corazón de Audra, la hermana débil y pequeña. Ian era una cicatriz en el corazón de Audra que también era el trozo de su corazón que le prestaba a Dinah para que fuese un personaje humano. Ahora esa parte estaba abierta para siempre y no podría evitar que todo esto sucediese de mala manera, intoxicándola cuando no se daba cuenta.

Los pasos la sorprendieron, pero si su espalda se tensó levemente, fue toda su reacción. La voz de Klaus fue inesperada. El boomerang volvía cuando ella no lo quería de vuelta. Ella quería una botella de ron, una isla desierta y un barco pirata. Pero lamentablemente ninguno de esos tres deseos podían cumplírsele en ese instante así que miró a Klaus hesitante. Tal vez no necesito esa botella de ron. Además, qué mejor que cuando un plan funciona como lo has previsto. Allí estaba Klaus, susurrando en su oído, besando su mejilla. Allí estaba Klaus con un perfume Paco Rabanne, mezclado con el de algunas muchachitas graciosas.

¿Me has buscado al último porque te importo, o porque soy lo menos importante? Estaba alicaída y desconcentrada. Estaba herida. Quería olvidar, quería enterrar a Ian en el cajón en el que su cuerpo se pudría en un cementerio y la lógica del alcohol que llevaba en las venas y del dolor acongojado de una cicatriz en el corazón decían que un clavo saca a otro.
Lamentablemente no me puedo negar. No tuve la suerte de sacar una tarjeta negra. –Rodó los ojos con estudiado movimiento, el mismo que había hecho al encontrar un cuerpo desangrándose en la acera. –Eso es algo que, viniendo de ti, es muy poco objetivo. Me lo tendrás de demostrar… –parpadeó. –Con hechos, no palabras. Las palabras se las lleva el viento.

Tiró de su corbata. Seda, reconoció para sus adentros.

Verás, Desrosier. Has venido a pedirle un beso a la persona equivocada. Yo soy como un dementor… con un beso me llevo tu alma.

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